El mito de Ulises es, entre todos los de la antigüedad helénica, el que ha tenido más amplia divul-gación y, sobre todo, el que ha mantenido, ininterrumpidamente, su presencia hasta nuestros días.
El mito de Ulises es, entre todos los de la antigüedad helénica, el que ha tenido más amplia divul-gación y, sobre todo, el que ha mantenido, ininterrumpidamente, su presencia hasta nuestros días.
Boletín del Museo Arqueológico Nacional, 8.
Aunque la mortalidad infantil formaba parte de lo cotidiano en la antigua Grecia, la desaparición de los niños no era por ello menos traumática. Si, en lo cotidiano, los lécitos de fondo blanco se hacen eco de la muerte de los ateloi y sirven para construir la philia de los miembros del oikos, las estelas funerarias son útiles para construir una imagen social que aglutina a la polis frente al drama. El mito, por su parte, recoge un extraordinario número de historias de infanticidio como la de Itis, los hijos de Medea o Astyanax donde los niños se convierten en instrumentos de venganza, historias todas ellas que sirven para alertar sobre lo que no ha de ser.
La identificación de este retrato unas veces con el emperador Tito otras con Domiciano, a quién finalmente se ha atribuido, reviste una importancia histórica superior a la meramente iconográfica.
Un vaso recientemente adquirido por el Estado para el Museo Arqueológico Nacional, un ánfora apulia de figuras rojas del Pintor de Baltimore, fechada entre 330 y 320 a. C., nos permite realizar, a través de la lectura de sus imágenes, un recorrido por los paisajes infernales y paradisíacos del imaginario suritálico. El programa iconográfico e ideológico de este vaso, decorado con una escena de naiskos, una escena con personajes junto a una estela funeraria y una escena con la visita de Orfeo a los Infiernos, incide en un mensaje claramente salvífico, ofreciendo la promesa para los difuntos de una nueva existencia, edénica e inmortal, más allá de la muerte.
El objeto de nuestro estudio se centrará sólo en el inicio y en el desarrollo de los escritos de viajes. Esta forma de describir los hechos, los lugares y las costumbres que uno vive a lo largo de un viaje constituye el punto de partida de la historia, de la geografía. de la etnología y de la cartografía antiguas.
El jabalí del sello del Museo Arqueológico Nacional muestra la originalidad de este dispositivo de contramarca en el anverso de la emisión de Clunia. El animal no está erguido ni en movimiento, sino tumbado con las patas bajo el cuerpo. La postura tumbada no parece guardar relación alguna con las representaciones del entorno legionario que se encuentran en sellos, emblemas, estandartes, etc. Este dispositivo de contramarca inédito, acuñado únicamente en el anverso, está asociado a una imagen en el reverso de la moneda que muestra el cráneo del animal. La imagen siempre se ha descrito como una «cabeza de jabalí», aunque su forma y detalles representan el cráneo sin piel del animal. No se ha dado ninguna explicación plausible. Lo que sí es cierto es la relación entre los dos tipos, siempre emparejados, el primero en el anverso, el segundo en el reverso. Las dos contramarcas fueron acuñadas en Clunia en la primavera del año 68 d.C., en el contexto de los acontecimientos que culminaron con la aclamación de Galba. Representan toda la serie de ritos propiciatorios, desde el sacrificio animal inicial, con la víctima representada boca abajo, hasta el banquete ritual que cierra las ceremonias, donde el cráneo desollado es trofeo y botín. La aplicación de las contramarcas exclusivamente al tema de Clunia demuestra que los acontecimientos de la primavera del 68 d.C. implicaron directamente no sólo al entorno legionario, responsable de la aclamación de Galba, sino también a toda la comunidad de ciudadanos llamados a participar activamente en el proceso político.
El Tesoro de Valsadornín, hallado en 1937 junto al camino viejo que une las poblaciones palentinas de Valsadornín y Gramedo, es uno de los más importantes testimonios arqueológicos de la inseguridad que sufría el Imperio romano en las décadas centrales del siglo III. Se trata de una olla de bronce que contenía miles de monedas, todas antoninianos, ocultada o perdida hacia 270 d. C.
Asignado el conjunto al Museo de Palencia, la vasija, incompleta, pero aún con un importante número de monedas adheridas, fue depositada en el Museo Arqueológico Nacional (MAN). En 2016-2018 fue objeto de una restauración y de diversos análisis enfocados a su estudio y mejor conservación, en una colaboración institucional entre el Museo de Palencia, el MAN y el Instituto del Patrimonio Cultural de España (IPCE). Previamente a su regreso a Palencia se presentó al público en la Vitrina CERO del MAN, entre octubre de 2018 y enero de 2019.
La relectura de dos contramarcas imperiales romanas, conservadas en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid (figs. 4-5), nos permite precisar y actualizar lo que se conoce sobre los tipos relacionados con la Legio X Gemina en el área hispánica: dos de ellos (B-C) ya están recogidos por la bibliografía, pero interpretados de forma incompleta y no relacionados entre sí; además, un nuevo ejemplar del tipo B (fig. 3) confirma el uso de la grafía arcaica cursiva para la letra E, en la forma de II, y hace que los dos tipos B-C sean únicos para las costumbres epigráficas de las contramarcas imperiales romanas.
Se exponen en este artículo algunas precisiones sobre aspectos concretos de las canteras romanas de Almadén de la Plata, centrados en las relaciones que estas pudieron tener con el pagus Marmorariensis, el intento de identificarlas con el Mons Mariorum citado en un itinerario antiguo, su relación con la statio serrariorum Augustorum documentada en Italica y la problemática de la inclusión de las canteras en el Patrimonium Caesaris. Asimismo, se plantea la hipótesis de una actuación edilicia de los Severos en Italica.